A las mujeres se nos ha enseñado con frecuencia a sostener el mundo emocional de los demás: a aplacar el enojo, disimular la tristeza para no incomodar y mantener siempre una sonrisa resolutiva. Sin embargo, lo que no se expresa, el cuerpo lo guarda.
El derecho a no tener todo bajo control
Permitirse sentir rabia, vulnerabilidad, duelo o alegría desbordada sin catalogar la emoción como “buena” o “mala” es un acto de soberanía interior. El cuerpo emocional necesita movimiento: respirar la pena para soltarla, mover el cuerpo en danza o llanto liberador para no estancarse.
“Es en medio de las mujeres donde mi alma ha encontrado su espacio más cálido, libre y expansivo.”
— Sandra Céspedes
Cuando nos reunimos en un círculo de mujeres en empatía y sin juicio, ocurre algo mágico: nos damos cuenta de que nuestros miedos no son aislados. Al escuchar la voz de otra mujer nombrando su vulnerabilidad, Sanamos también nosotras.
Las 4 claves para habitar un espacio seguro
- Escucha activa sin dar consejos no pedidos: Acompañar es estar presente sin buscar solucionar.
- Confidencialidad sagrada: Lo que se nombra en el círculo pertenece al círculo.
- Respeto al silencio: El silencio también comunica y restaura.
- Validación emocional: Cada emoción tiene derecho a existir y expresarse.
En Lattir creemos firmemente que ninguna mujer tiene que recorrer sola este camino de reconexión. Te esperamos en nuestras experiencias para encontrarnos y avanzar juntas.